Ciberseguridad y digitalización: el riesgo que muchas empresas siguen subestimando
Por: Jhonnatan Horna. Profesor de ESAN Graduate School of Business
| 4 Minutos de lectura
| Publicación junio 10, 2026| Última actualización junio 10, 2026
Cada vez que escucho hablar de transformación digital, noto que muchas conversaciones siguen girando alrededor de herramientas, automatización, inteligencia artificial o adopción tecnológica. Y aunque todo eso es importante, cada vez estoy más convencido de que existe un elemento que determina si una transformación digital es realmente sostenible o simplemente una modernización superficial: la ciberseguridad.
Porque digitalizar procesos sin fortalecer la seguridad es como construir una ciudad inteligente sin cerraduras. Puede verse moderna, eficiente e innovadora, pero sigue siendo vulnerable.
Durante mucho tiempo, la ciberseguridad fue tratada como un asunto exclusivamente técnico. Algo asociado a firewalls, antivirus o áreas especializadas de TI. Sin embargo, el escenario actual demuestra que esa visión quedó corta. Hoy la seguridad digital ya no es un componente aislado; se ha convertido en una condición necesaria para que cualquier estrategia de transformación pueda sostenerse en el tiempo.
La transformación digital también amplía los riesgos
Hay una paradoja interesante en todo este proceso. Cuanto más conectadas se vuelven las organizaciones, más expuestas quedan. La digitalización acelera operaciones, mejora experiencia de usuario y permite nuevas capacidades analíticas. Pero al mismo tiempo multiplica superficies de ataque, dependencias tecnológicas y riesgos operativos.
Cada plataforma conectada, cada servicio en la nube y cada integración digital abre nuevas oportunidades de negocio, pero también nuevas posibilidades de vulneración. Y muchas veces las organizaciones avanzan tan rápido en adopción tecnológica que la seguridad queda varios pasos atrás.
Eso genera un problema serio. Porque la confianza digital se construye lentamente, pero puede destruirse en cuestión de horas. Basta observar lo que ocurre cada vez que una empresa enfrenta una filtración de datos, un ransomware o una interrupción masiva de servicios. El impacto ya no es solamente técnico. Afecta reputación, continuidad operativa, relación con clientes y sostenibilidad financiera.
Por eso creo que la ciberseguridad dejó de ser una función de soporte. Hoy es parte del núcleo estratégico de cualquier organización digital.
El error de pensar que la ciberseguridad es solo tecnología
Otro aspecto que me parece importante es que muchas empresas siguen asociando seguridad únicamente con herramientas. Compran soluciones avanzadas, implementan controles y despliegan nuevas plataformas, pero olvidan algo esencial: gran parte de los incidentes de seguridad siguen involucrando el comportamiento humano.
Y ahí aparece una verdad incómoda. La transformación digital no falla solamente por problemas tecnológicos. Muchas veces falla por cultura organizacional.
No sirve de mucho invertir en sistemas sofisticados si las personas no entienden riesgos básicos, si no existen hábitos digitales responsables o si la organización no desarrolla conciencia colectiva sobre seguridad. De hecho, distintos análisis sobre campañas de ciberseguridad muestran que informar no siempre cambia comportamientos; para lograr cambios reales se necesita construir cultura.
Eso implica formación continua, liderazgo consciente y una visión donde la seguridad no sea vista como obstáculo, sino como habilitador de confianza. Hay algo que empieza a quedar claro en esta nueva economía digital: las organizaciones no solo compiten por eficiencia o innovación. También compiten por confianza.
Y esa confianza depende directamente de cómo gestionan la seguridad de la información, la privacidad y la protección de datos. Cuando una empresa demuestra que puede proteger sus operaciones y responder adecuadamente ante riesgos digitales, fortalece su reputación. En cambio, cuando la seguridad se maneja de forma reactiva, la percepción de vulnerabilidad crece rápidamente.
Esto es especialmente relevante en un entorno donde la inteligencia artificial, la automatización y el Internet de las Cosas están conectando cada vez más procesos críticos. La transformación digital ya no ocurre únicamente en sistemas administrativos; ocurre en cadenas logísticas, infraestructuras energéticas, servicios financieros, salud y manufactura.
En otras palabras, los riesgos digitales ya no son solo riesgos informáticos. Son riesgos operacionales y estratégicos.
La madurez digital también se mide en seguridad
Uno de los mayores errores que sigo viendo es delegar completamente la conversación sobre ciberseguridad a áreas técnicas. Como si fuera un asunto exclusivo de especialistas.
Pero la realidad es otra. La seguridad digital ya impacta decisiones de negocio, reputación corporativa, cumplimiento regulatorio y continuidad organizacional. Eso significa que la conversación también debe llegar a dirección, gerencia y liderazgo estratégico.
No basta con preguntar si los sistemas están protegidos. Las preguntas relevantes son otras: ¿qué tan preparada está la organización para responder a un incidente?, ¿qué procesos críticos podrían detenerse?, ¿qué tan dependientes somos de terceros?, ¿qué impacto tendría una vulneración en la confianza del cliente? Ahí es donde la ciberseguridad deja de ser una cuestión técnica y se convierte en gobernanza.
A veces se plantea la seguridad como si fuera un freno para innovar. Personalmente, creo que esa visión está equivocada. La verdadera ciberseguridad no bloquea la transformación digital; la hace viable. Permite que las organizaciones innoven con mayor resiliencia, operen con más confianza y reduzcan riesgos en escenarios cada vez más complejos.
Porque transformar digitalmente no consiste solo en incorporar tecnología. Consiste en construir capacidades sostenibles para operar en entornos altamente conectados y dinámicos. Y eso requiere seguridad desde el diseño, no como parche posterior.
Después de observar cómo evolucionan las organizaciones, cada vez tengo más clara una idea, la verdadera madurez digital no se mide únicamente por cuánta tecnología se adopta, sino por qué tan preparada está la organización para protegerla. Digitalizar procesos es relativamente sencillo. Lo difícil es construir entornos resilientes, confiables y sostenibles frente a amenazas que evolucionan constantemente.
La ciberseguridad ya no es una moda ni un discurso técnico especializado. Es una condición estructural de la transformación digital. Porque en un entorno donde todo está conectado, proteger la confianza se vuelve tan importante como innovar. Y probablemente mucho más difícil.



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