El talento ya no viene con etiqueta
Por: Paloma Sierralta, Gerente de Talento y Efectividad Organizacional Perú y Chile – Gold Fields
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| Publicación noviembre 6, 2026| Última actualización noviembre 6, 2026
Durante años, el nombre de una universidad funcionó como una señal rápida para identificar talento. Hoy, sin embargo, esa lógica empieza a quedarse corta. En un mercado laboral que cambia al ritmo de la tecnología, la pregunta ya no debería ser únicamente dónde estudió una persona, sino qué es capaz de hacer con lo que sabe, cómo aprende y cuánto potencial tiene para seguir evolucionando.
Esta transformación no significa restar valor a la formación académica. En sectores técnicos y especializados como la minería, los conocimientos, las certificaciones y la experiencia continúan siendo fundamentales. Pero, cada vez más, las organizaciones necesitan profesionales capaces de aplicar esos conocimientos, resolver problemas complejos, adaptarse a nuevos escenarios y aprender de manera permanente.
La tecnología está acelerando este cambio. La automatización, la analítica y la inteligencia digital están modificando perfiles y funciones, pero también están poniendo en valor capacidades que difícilmente pueden ser reemplazadas: el pensamiento crítico, la colaboración, la comunicación, el liderazgo y la capacidad de tomar decisiones con criterio.
Desde nuestra experiencia en Gold Fields, creemos que esto plantea un desafío importante para la gestión del talento: ampliar la mirada. El potencial puede encontrarse en trayectorias educativas y personales diversas. Identificarlo requiere procesos de selección capaces de mirar más allá de una credencial y reconocer atributos como la curiosidad, la adaptabilidad, la motivación y la capacidad de aprendizaje.
Este cambio también interpela a las universidades. La conexión entre el mundo académico y las necesidades del mercado laboral debe fortalecerse, especialmente porque la velocidad con la que evolucionan los negocios hace imposible que una carrera profesional se sostenga únicamente sobre los conocimientos adquiridos al inicio.
El reto no es preparar a los jóvenes solo para conseguir su primer empleo. Es prepararlos para mantenerse vigentes a lo largo de una trayectoria que probablemente estará marcada por nuevas tecnologías, profesiones que aún no existen y desafíos cada vez más complejos.
En ese escenario, el verdadero diferencial del talento no será una etiqueta de origen, sino su capacidad de aprender, transformarse y generar valor. Para las empresas, reconocerlo no solo es una decisión de inclusión: es también una estrategia para construir organizaciones más diversas, innovadoras y preparadas para el futuro.


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